domingo, 24 de febrero de 2013

Mechas californianas

Hace un año empezaron a sucederse en mi vida una serie de catastróficas desdichas. Una de ellas no creo que se pueda llamar desdicha, pero de catastrófica tuvo bastante. Atención: batallita.

Chicos, esta es la historia de cómo dejé de ir a la peluquería.






Una bonita tarde de febrero, decidí hacerme unas mechas californianas. Para los poco puestos en la materia, son un tipo de mechas más claras que tu tono natural de pelo, pero con la particularidad de que no se hacen desde la raíz, sino en las puntas, de manera que el efecto es natural y degradado, como si las tuvieras clareadas por el sol.

Estaba yo sentada en una peluquería que me pareció adecuada, escuchando pacientemente la teórica que me estaba soltando la peluquera sobre lo bien que hacían esas mechas ahí y la poca idea que tenía la competencia, mientras iba trabajando con mi pelo. Cuando, tras un largo proceso, terminó, lo cierto es que mi pelo estaba exactamente igual que al principio.

- Ehhh...no mira....ponte aquí cerca de la luz de la calle...
- Mi pelo está igual.
- Eh....bueno...a ver, espera, ponte aquí donde las luces....

Ni con el foco de llamar a Batman se veían las mechas. Así que la peluquera volvió a ponerse manos a la obra, y me extendió un nuevo producto por casi toda la cabeza. No sólo en algunos mechones, sino por todas partes. Yo, en mi ignorancia e inocencia, pensé que se trataría simplemente de algo que haría subir el tinte donde lo había aplicado previamente. Ahora comprendo que era un puñado de decolorante.

Cuando la buena mujer decidió que aquello ya habría hecho efecto, lo retiró, y me dijo lo siguiente:

- Bueno ya, ¿eh? que querías unos tonos y al final...

¡Como si fuera culpa mía! Me imagino que intentaba justificar el desaguisado con mi petición anterior de que aquello por lo que iba a pagar se viera.

Y vaya si se veía. Tenía el pelo de un color anarajando. Todo el pelo, excepto por unos 4 dedos de raíz marrón que hacían el efecto aun más divertido. Tengo claro que no es una tragedia, pero sencillamente "eso" tiene poco que ver con lo que habíamos acordado. A mí me parecía que quedaba como un mal tinte de los chinos, con raíz de 4 meses incluida.

- Está naranja.
- Mmm no, bueno, rubito...

Si os preguntáis por qué pagué y no reclamé, no tengo respuesta. Supongo que sería el shock. Me fui de allí deseando una máquina del tiempo, y con la absurda sensación de que todos me miraban por la calle. Pero cuando llegué a casa, ahí estaba mi compañero de piso para consolarme en mi momento de crisis como sólo él sabe hacerlo:

- Bueno, pero no pasa nada, hay chonis que pagan por eso.

En fin...el tiempo todo lo cura, y ahora las "mechas" sí están en las puntas, y ya no son tan brillantes. Quedan bonitas.



Que ninguna buena peluquera (o buen peluquero) se sienta ofendida por esto. Está claro que malos profesionales hay en todos los gremios...

Y tras el cuento, sólo me queda desearos feliz tarde de domingo :)


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