martes, 14 de mayo de 2013

Las calorías extra

El sentido común y un poquito de formación son, en mi opinión, las herramientas más útiles a la hora de cuidarse. A través de diversos medios de comunicación y de algunas personas cercanas he podido conocer las dietas más surrealistas, y nunca me han parecido buena idea. Chicas, cuidarse no sólo significa "adelgazar". Pero es cierto que, especialmente en esta época del año, todos pensamos más a menudo en llevar una vida más saludable.

Los pilares de la vida sana no son ningún secreto: limitar el consumo de grasa y azúcar, tomar más fibra y agua, equilibrar el aporte de nutrientes, procurar no tomar más calorías de las que necesitamos, y hacer algo de ejercicio.

Hoy os quiero enseñar un par de consejos y trucos que a mí me resultan útiles. Esto no es una dieta, ni te hará adelgazar si necesitas perder varios kilos, son sólo un par de costumbres bastante prácticas para el día a día. Vamos allá :)



1. La regla de oro: Nunca tomes calorías que no vayas a disfrutar. 

Es decir, no te comas otro puñado de cacahuetes que en realidad no te apetece sólo por hacer algo con las manos; no te sirvas otro plato de comida cuando ya no tienes hambre sólo "por no dejarlo ahí"; no escuches a quien te diga que es absurdo comerte una hamburguesa y pedir luego Cocacola Zero, puesto que tú has disfrutado tu hamburguesa, pero no necesitas otras diecisiete (¡diecisiete!) cucharadas de azúcar extra cuando no distingues la Cocacola Zero de la normal. Comer es un placer, pero ¿qué sentido tiene lidiar con las consecuencias de una comida que ni siquiera disfrutaste?

2. Infórmate sobre lo que comes.

Ya lo recomendé en otro momento: lee siempre las etiquetas de los productos. No te dejes engañar por los envases, "natural" no significa absolutamente nada (el veneno de viuda negra es muy natural y no es exactamente beneficioso), y "6% de zumo" significa "94% de otras cosas que no te contamos". Todos los productos traen una etiqueta de información nutricional en la que te informan de las calorías, proteínas, hidratos de carbono, o grasas que contiene una determinada cantidad de producto, y en algunos casos (como en los productos de la marca blanca de Eroski) se especifica qué porcentaje del consumo diario de esos nutrientes supone el producto. Por ejemplo:


Parece una tarea muy laboriosa tener esto siempre en cuenta, pero una vez te acostumbres a mirarlo, te llevará unos segundos. Además, los productos del supermercado son siempre los mismos, por lo que no tendrás que volver a prestar tanta atención a las etiquetas una vez sepas cuáles no son una buena idea. Tampoco es cuestión de que te vuelvas loco haciendo cálculos matemáticos, pero si vas a comprar una caja de galletas y te da igual cuáles sean porque no tienes unas favoritas (volvemos a la regla del disfrute), es una buena idea comparar unas cajas con otras y comprar las que tengan una composición más saludable (menos grasas, menos sal, ingredientes de más calidad...)

3. Ten paciencia

A veces al acabar de comer te parece que podrías comerte otra ración de lo mismo, sobre todo si has comido muy rápido. Yo te aconsejo que esperes unos minutos. Ya has comido bien, tu cuerpo no necesita más, pero la sensación de saciedad tarda un tiempo en llegar. Es posible que un momento después ya no tengas hambre. 

4. Alíate con las infusiones

Para esos momentos en los que confundes hambre con aburrimiento, por ejemplo mientras estás estudiando o cuando estás nervioso por algún motivo, es una buena idea prepararse una infusión en lugar de comerse una caja de croisanes. Sabes que no tienes hambre en realidad, probablemente acabas de comer, y lo único que necesitas es un viaje justificado fuera de tu cuarto, y algo que llevarte a la boca para estar ocupado. 

5. Un par de trucos caseros

Si vas a tomar embutidos grasos o bacon, mételos unos segundos en el microondas antes de añadirlos a la comida. Te encontrarás con un plato cubierto por una buena cantidad de grasa líquida rodeando al embutido en cuestión. Da bastante asquete, sobre todo si te la imaginas pegada a tus arterias o a tu cadera, y da gusto tirar eso por el desagüe. Especialmente impactante en el caso del chorizo.

Por otro lado, si preparas una comida grasa, como un cocido o un guiso de carne, hazlo de un día para otro. Al enfriarse, se solidifica una capa de grasa en la superficie que puedes coger con una cuchara y echar por el mismo desagüe de antes.

Te aseguro que esas cucharadas de puro sebo no aportan ningún placer a la comida, sólo cosas negativas. No las necesitamos :)

Como veis, esto no se parece en absoluto a una dieta (no hay ninguna dieta que incluya hamburguesa, galletas, chorizo, y bacon), sólo son pequeños gestos que no restan grados al placer de comer, pero sí restan calorías innecesarias a nuestros menús.

Espero que os sea útil :) Un beso!

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