martes, 11 de junio de 2013

Washington DC

- Se respira poder.

Eso fue lo que dijo Héctor cuando nuestro autobús entraba en la capital del mundo, y creo que es la definición más precisa sobre esta impresionante ciudad. 

Washington DC me sorprendió por limpia y ordenada, por "abierta al cielo", por lo fácil que era encontrar lugares despejados y tranquilos, y por la cantidad de cosas interesantes que hay para visitar allí. Tantas que nos dio por hacer turismo en modo "Grand Prix", intentando aprovechar cada minuto del día, cosa que al principio me encanta y luego acaba conmigo refunfuñando por las esquinas "Yo no he venido de vacaciones para estar corriendo todo el día", mientras Héctor me estresa enseñándome los mapas y los horarios. Al final me quedé frita en un Imax de puro cansancio. Él se durmió en la hierba un rato más tarde, no os vayáis a creer.

Pero vamos por partes, ¿qué se puede ver en una visita express a Washington DC? Pues bien, todo lo imprescindible se reúne en torno a una enorme explanada llamada National Mall. Todos los edificios son imponentes, grandes, blancos y poderosos.

Allí, desde una distancia prudencial, puede verse la Casa Blanca. Cuesta imaginar que sea una casa de verdad donde vive gente de verdad, y en la que al mismo tiempo se toman decisiones que afectan al mundo entero...



A mí me sigue recordando a la casa del Príncipe de Bel-Air XD



También podemos encontrar allí una gran selección de ese patriotismo americano de las películas, que desde el resto del mundo se ve un tanto marciano. Varios monumentos de guerra, recuerdo a las batallas, párrafos de literatura sobre grandes hazañas, las banderas, los presidentes, los estados. A mí aquello me acabó cortando el cuerpo, quizás porque no veo nada positivo en una guerra, o porque no acaba de gustarme que los que matan y mueren desde un lado sean "los muchachos" y "los valientes", y los que matan y mueren desde el otro sean "el enemigo infame". A mí todos me parecen herramientas...

En cualquier caso, es interesante contemplarlo y sentir esa emoción que sin duda produce. Por surrealista que se nos haga a veces desde fuera, lo cierto es que es impactante el amor por un mismo país que une a unos ciudadanos tan diversos en razas, religiones, y orígenes.

Se le pone a uno la piel de gallina rodeado por tantas historias tristes.





También encontramos escenarios de película como este, con el monumento a Washington y la "Reflecting Pool". Os resultará familiar si habéis visto "Forrest Gump". Además, la foto está hecha casi desde el punto exacto desde el que Martin Luther King pronunció el famoso discurso que comenzó con las palabras "I have a dream..." (está marcado en el suelo)




De los memoriales a los presidentes sólo visitamos el de Lincoln, con su inmensa escultura en una construcción que casi parece un templo.




El edificio que más me gusto fue probablemente el Capitolio. Me pareció realmente bonito. Una lástima que no pudiéramos visitarlo por dentro (¡que nadie vaya allí en domingo!)




Los amantes de los Simpson verán todo esto muy "Capitol City", casi espera uno encontrarse la Carta Magna en las escaleras y a Lisa buscando inspiración en los memoriales de los presidentes :)

Una de las cosas que más ganas teníamos de hacer era visitar los museos Smithsonian, que además de completos son gratuitos (al igual que todo lo anterior). En primer lugar, una breve visita al jardín botánico.




En segundo lugar, el Museo de los Indios Nativos Americanos. Era algo que quería hacer desde que llegué a Estados Unidos, ya que sé muy poco sobre su historia, pero sinceramente lo encontré decepcionante. Era demasiado descriptivo, incluso aburrido, lo cual es una lástima tratándose de un tema que creo que puede dar mucho juego. Casi lo que más me gustó fue la tienda de regalos, con muchos objetos hechos a mano por nativos americanos.

Y en tercer lugar, visitamos el Museo del Aire y el Espacio, mucho más interactivo que el anterior, y donde además ofrecían actividades tan divertidas como montar en un simulador de vuelo que giraba hasta 360º.




Por último, siempre suelo hablaros de la comida. Esta vez el menú os va a sonar más familiar que nunca, porque tras varios meses fuera de España y un par de días "malcomiendo" por ahí para no gastar mucho, aterrizamos en un restaurante español, "La Tasca", de un chef vasco llamado Josu Zubikarai. Se me hace la boca agua de pensar en cómo nos supo la cena esa noche: tapitas de pulpo a la gallega, gambas al ajillo, pan con jamón y tomate, cuñitas de queso, verduras a la plancha, huevos rotos, y una increíble ensalada de pera con queso cabrales. Para terminar, arroz con leche. Espectacular. En eso no nos ganan :)

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